Booktrailers de BELLVER-Joana Pol

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jueves, junio 28, 2007

Cati Cobas, entrevistada en IB3-Radio por Sandra Llabrés y Joana Pol.

En esta ocasión la conductora del magazine nocturno 3deNit, Sandra Llabrés, y la escritora mallorquina Joana Pol, nos presentaron a una escritora argentina, de raíces mallorquinas, Cati Cobas, en un programa muy emotivo que dio ocasión a que la Consellera Encarnación Pastor saludara a la escritora y lanzara una invitación para que conozca las Islas Baleares. También intervino el señor Miguel Escandell, presidente de la Casa Balear en Argentina. El programa dio pie a que la familia perdida de la escritora argentina pudiera contactar con ella, y también a que los escritos de Cati Cobas aparezcan en un periódico de Marratxí. El booktrailer, en esta ocasión, pretende animar a Cati Cobas, la autora de las famosas Caticrónicas, a visitar la tierra de sus orígenes. Y, en palabras literales de Joana Pol, la invitación se hace extensiva a todos ustedes.





Así nos presentaron a Cati Cobas:


Nombre completo: Catalina Isabel Cobas de Cayian
mailto:caticobas@hotmail.com
caticobas@hotmail.com

http://caticobas.blogspot.com/ (Las Caticrónicas)
http://caticuentos.blogspot.com/ (Cuentos en lenguaje de Buenos Aires)

http://www.iceberg-nocturno.org/2.1.%20cati-cobas.htm (Como participante del foro literario Iceberg Nocturno)

Participo actualmente de los foros Literarios Iceberg Nocturno y Letras Libres (ambos de Yahoo), ambos internacionales, aunque con mayoría de miembros españoles.


LEMA:
Las “Caticrónicas”, de Cati Cobas.
Raíces de almendro mallorquín y copa de seibo argentino.

BIOGRAFÍA:

Mi nombre es Catalina Isabel Cobas, Covas con “uv”, en realidad, si no fuera por los que inscribieron a Tomás, mi padre, en Inmigraciones, cuando llegó a Argentina a fines de los años treinta, para casar con Aurora, mi madre, también descendiente de inmigrantes nacidos allá, en la “roqueta”.









Mis otros apellidos ancestrales son tan mallorquines como el “siuló” y la sobrasada : Serra, Cañellas, Rigo y Amengual, por si quedara alguna duda sobre las raíces almendradas que cruzan “el charco”, como aquí le llamamos al Atlántico, desde mi barrio de Parque Chacabuco, en Buenos Aires, hasta Campos del Puerto, Marratxí y Ses Salines, allá en el Mediterráneo.
Viví siempre junto a Marcial e Isabel, mis abuelos maternos, por lo que hablo el mallorquín en forma bastante aceptable, según dicen, y sé leerlo, aunque no lo escribo (todavía).
Soy Maestra Normal y Arquitecta, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Nací el día 9 del mes 9 de 1949, lo cual siempre me resultó por lo menos original y divertido, cuando no cabalístico y de buen augurio. Lo que ahora no me resulta tan simpático es que, como consecuencia de ese hecho, este año cumpliré 58, pero como es algo inevitable, traro de llevarlo con la mayor dignidad posible y todavía con sueños en las manos.
Las artesanías, las artes plásticas y la escritura son mis formas de crear más allá de mi profesión. Hasta hace un año dirigí un Centro Cultural en mi barrio, denominado “Una Puerta al Sol”, destinado a mujeres y niños interesados en los temas que menciono.
Actualmente me dedico a escribir, a mi profesión y a mi familia ya que ésta tiene varios integrantes (Jorge, esposo y también colega, Mercedes, 21, estudiante de Diseño Multimedial, Fernando, 16, estudiante de Electromecánica y Aurora, mi mamá, de 88 años, Maestra Normal y Profesora de Francés, pese a ser hija de un zapatero oriundo de La Cabaneta, más Misha, una gata siamesa que tiene lo suyo) y siempre hay alguno dispuesto a captar mi atención de modo especial.

REFERENCIAS LITERARIAS: Recibí, en mi adolescencia, dos premios del Instituto Nacional Sanmartiniano, por trabajos relativos al Libertador, pero comencé a escribir en forma sistemática en el año 2002, cuando, habiendo elegido Internet como medio expresivo, comencé con mis Caticrónicas http://caticobas.blogspot.com/ , nacidas al compás de la crisis argentina y desarrolladas en clave de humor o de nostalgia.
Las mismas, que ya superan las ciento veinte, abarcan ese momento crítico y sus efectos en nuestra sociedad, conflictos y alegrías femeninos, evocaciones históricas y de personajes emblemáticos de mi tierra y paseos por los barrios de Buenos Aires y por otros lugares de la Argentina con una mirada diferente, que han contado con el beneplácito de muchos lectores de España y de América y que han sido publicados o leídos en varias oportunidades que detallo a continuación:

Las Caticrónicas eran leídas frecuentemente por Radio AM 590, Continental de la Ciudad de Buenos Aires, en la voz del periodista Daniel López, como parte de su programa “Desayuno”.
En Buenos Aires: Periódico “La cita” del Banco Banex, dirigido por la publicitaria Mora y Araujo
También en Buenos Aires, en el periódico “Desde Boedo”, dirigido por el escritor Rubén Derlis.
http://revistaliteraria.sensibilidades.com/






Sexta Antología Internacional “Sensibilidades Oro”, presentada, entre otros lugares, en el Ateneo de Madrid en 2006 por el Foro Iceberg Nocturno al que pertenezco. Aclaro que dicha Antología perteneció al Foro “Sensibilidades”, creado por L. E. Prieto, que ya no continúa vigente.
Relatos de Humor sin Extremaunción, Antología editada en Mérida, Venezuela por el CENAL y FUNDALEA 2005.
Deleite literario II, para Jóvenes, Antología editada en Mérida, Venezuela por el CENAL y FUNDALEA 2005.
Tuve el honor de prologar el libro de la escritora madrileña Socorro Mármol Brís titulado “Mágina Mágica” publicado en Madrid en 2005.

Como dato al margen, estoy escribiendo una novela cuyo título debo reservarme a fin de no entorpecer mi participación. en el próximo concurso del Diario Clarín en Buenos Aires.

MANIFIESTO:

Cuando comencé a escribir lo hice por una necesidad interna y de catarsis. Para ahuyentar pérdidas y dolores de aquel terrible momento que viviera mi país y también para seguir el llamado de las voces internas escondidas en mis raíces. Ahora siento que no hay vuelta atrás:

Las palabras me han atrapado













TEXTOS: Como no conozco bien las características de la audiencia prefiero que elijan ustedes y dejo pegadas aquí dos Caticrónicas con referencias mallorquinas y dos de Buenos Aires, una, “Veni conmigo” que se dirige a los jóvenes que han emigrado a España en estos años y otra, humorística, sobre lo peor de la crisis, titulada “De gauchos y chorizos”. Si no les gustan pueden ver mis blogs, y buscar otros.

70-De Paellas y ensaimadas

Tan, tararán, tararán, tan tan, tarairarairarán... Así sonaba el bolero en su boca. Así cantaba mi abuela Isabel, en la cocina, cuando me contaba por enésima vez su mudanza para siempre, mientras estiraba, muy fina, la masa de la ensaimada, untándole manteca en forma generosa, para luego enrollarla y convertirla en ese caracol de espuma que se derretía en la boca.Isabel se vino para acá sola en el barco, con un cofre de ropa blanca, que era su ajuar y su fortuna. Vino también con cuentos en el alma. Con paellas y oraciones. Con pastorellas y copeos. Y en un atadito, hecho con un pañuelo de seda pintado de claveles, se trajo el mar a esta ciudad de río.Quería dejar de ser la mayor de ocho hermanos, quería ser ella, por fin, sin continuar siendo madre de siete, eternamente. Quería vivir mejor, y hacerse un camino. Era una pionera. Desde su metro y medio de estatura, mi abuela mallorquina era tan valiente como para romper con todo, y abrirse paso a una vida nueva de este lado del charco, sin más capital que sus dos manos y esos ojos eternamente grises y esos dientes parejitos de sonrisa perfecta. La mudanza le dejó, para siempre, nostalgias incrustadas en el azúcar impalpable que cernía, minuciosa, sobre el dulce manjar que tan bien sabía preparar.Nostalgias que heredé, junto con la Fe y la capacidad de seguir peleándole a la vida, a pesar de todo.
Por eso, este domingo volví a verla. Volví a la Casa Balear, la casa que reúne a los hijos y nietos de los nacidos en las Islas Baleares. Y ahí, más de veinte años después de la muerte de Isabel, la descubrí, intacta, en las jóvenes que, vestidas de payesas, bailaban al son de la misma música de la cocina de mi casa , en las figuras y las sonrisas de tantos que, como yo, teníamos una mudanza inacabada en nuestros argentos corazones; la descubrí, por fin, en la mágica espuma de la ensaimada, que me sirvieron, como corolario de la más deliciosa paella que comí, desde que mi abuela no guisara más en su cacerola de barro pampeano.

21-Gallegadas (Caticrónica nostálgica)
Gallego se llama en Argentina, con supina ignorancia, a todo lo hispano, como si fuese igual nacer en Toledo o Barcelona, en Valladolid o en Lugo. Yo ya me acostumbré y es para mi un honor ser “la gallega” en mi familia política compuesta de “tanos” con algún toque armenio, en una de las tantas mixturas propias de este bendito suelo.
Todo un lujo que los coterráneos de Rosalía de Castro, quisieran adoptar a una argentina con raíces en Mallorca, que se crió entre añoranzas y morriñas.Muchos factores contribuyeron a ese soñar con la Península o, quizás más restringido, con la islita y una fundamental, era el rito dominguero de mis padres: Bar Español y cine continuado.




¿Bar Español? Dirán ustedes. ¡Sí! Quedaba en -no podía ser de otro modo- Avenida de Mayo y Salta, al lado del Teatro Avenida, teatro de zarzuela y Romería. No era precisamente un bar sino una confitería y muy bien puesta. Todavía quedan una que otra similares en este Buenos Aires dos mil tres, de “shoppings” y piqueteros: la Ideal y la Richmond entre otras, aunque estas dos son un poco mas rumbosas que mi ya inexistente bar.
La ceremonia comenzaba con el acicalarse, propio de los cincuenta, con mi mamá muy elegante, palangana de paja blanca con rosas de tela coronando su testa, papá endomingado, con su mejor traje y yo, con mi vestido blanco de cloqué bien paradito y zapatos y medias blancas, de la mano de ambos muy oronda.Entrar al lugar, con ese olor mezcla de café de máquina y sillas de roble tapizadas en cuero verde, era algo muy parecido a la felicidad perfecta. Sólo alteraba la dicha, la persistencia de mamá en el te con leche y masas que era más paquete, cuando yo me volvía loca por los submarinos con churros que me rodeaban y eran deglutidos con fruición por todos los otros añoradizos parroquianos del lugar entre los que se encontraba la flor y nata de los almaceneros de la ciudad además de otros ejercientes de variados y característicos oficios como aparadoras, zapateros finos, o sastres de alcurnia. Una vez acomodada la familia: ¡a gozar del espectáculo!No era todo manducación en ese sitio, había también mucho lugar para el espíritu, sobre todo a partir de la voz del locutor, que encaramado a un palco anunciaba: “Y ahora: Los Gavilanes de España”.
¡El corazón latía! No había tele en esa época. ¡Ay Jesús! ¡Esos bronces! ¡Y la cantante con su bata de cola! Esos pasodobles, esas jotas, aquel bolero han quedado grabados a fuego en mi criollo corazón y no puedo desprenderlos, aunque me digan que ahora ya no se cantan ni bailan en España. Tienen el sabor dulce de la niñez feliz, de la infancia protegida, como ahora es difícil que muchos compatriotas pequeñitos tengan.
El corolario era una visita al cine Novedades donde se establecía una extraña y cinematográfica alianza “yankie”-hispana en forma alternada: un Tom y Jerry y un Nodo, noticiero español de la época que soportaba estoicamente y sin poder defenderse las silbatinas de los republicanos que por aquí habitaban. En total eran seis dibujos animados y seis noticieros que dejaban en mí al final la duda de si Jerry mataría al Generalísimo o éste correría a esconderse a la cueva de redonda puertita.
Volvía a casa ahíta de ingenua alegría y pensando cómo le contaría al día siguiente a mi “señorita Sarita”, maestra de Primer Grado, mis hispanas andanzas dominicales.
Ya verán ustedes que no es extraño que me llamen “la gallega”… ¡Y a mucha honra!


28-Vení conmigo

Vení conmigo. Te invito este domingo a Buenos Aires.
Nos bajamos del bondi en Parque Lezama y caminamos despacito mirando las paredes color rosa del Museo Histórico Nacional que tiene todas las imágenes del Billiken y el Anteojito juntos, pero grandes y al óleo. La primera vez que entré, no podía creerlo, era como si mis revistas infantiles, mezcla ingenua de historia básica y chistes de Pelopincho y Cachirula se agigantara ante mis ojos.Después de la estatua de Garay, agarramos por Defensa pisando el adoquinado. Esa calle, sin ingleses ni aceite hirviente igual está ardiendo de turistas. ¿Sabés que ella contempló la lucha desigual con los albiones que querían quedarse con la pampa? ¡Como cambiaron los tiempos! La conquista no es como en el Virreinato, a puro soldado y bayoneta. Los rubios lucen hoy sus lindos dientes blancos parejitos y en la mano se adivina el empuñar el maletín ejecutivo de lunes a viernes en la City...También hay alemanes, españoles y hasta algún trasnochado japonés al que me dan ganas de contarle que, de chica lo soñaba, cuando aprendí el significado de la palabra antípodas. Alguien nos cuenta que son cada vez más los que llegan para aprender a bailar tango de verdad, tango en su cuna.
Mas allá, varios chiquilines que en todo se parecen al de Ferrer y Piazzolla se ocupan de abrir y cerrar las puertas de los autos. Se ven demasiadas “caras sucias de angelito con bluyín ...” en este Buenos Aires dos mil tres. Gorriones solitarios que buscan cobijarse en las bandadas urbanas de niños sin infancia.Pero mejor miremos esas casas, son muchas las antiguas, con zaguanes de pisos en damero y rejas voladas sobre las veredas. Faltan el quincallero y la mazamorrera. Casi, casi, se escuchan sus pregones.
El barrio de San Telmo era asiento de la flor y nata de la sociedad porteña, (algo de flor y mucha nata, porque la mayoría explotaba los campos ganados al indígena donde las vacas eran el máximo tesoro) allá por el mil ochocientos. Entonces, muchas familias levantaron aquí sus espléndidas mansiones, y estas casas son los vestigios de las mismas. La fiebre amarilla diezmó San Telmo y los ilustres huyeron hacia el norte. Los deslustrados, que no pudieron escapar a la peste, familias de obreros italianos y españoles que trabajaban en el puerto, ocuparon los palacetes abandonados. Aquellas enormes casas fueron llenándose de inmigrantes que alquilaban una habitación con baño y cocina compartidos. Algunos perduran, se llaman ahora hoteles de renta, pero la mayoría, por obra y gracia del progreso, se convirtieron en comercios que muestran antigüedades de todo color y forma y muchos, pero muchos cambalaches con estilo. Mirá ese cielo azul y transparente… ¿escuchás el canto de los pájaros? ¿Te imaginabas que a pocas cuadras de la Rosada ibas a encontrar este patio con aljibes y jazmines?Decíme la verdad…ni en tus mejores sueños. Esto también es Buenos Aires.…Tenés razón, la Plaza Dorrego debe estar en su apogeo, son apenas las tres de la tarde. ¿Tomamos el café en las mesitas de hierro fundido color verde oxidado, mirando a los bailarines de tango que hacen firuletes en la esquina? Quejas de bandoneón suena mejor un domingo por aquí, en vivo y en directo. Si, ya sé que el Rastro es increíble y que el Mercado de Pulgas de París, inolvidable, pero mirá, fijáte bien, esos frascos de perfume ¿no son como los de tu abuela Dominga? …¿Y aquellas tarjetas con rosas victorianas de principios de siglo? Me pareció ver unas parecidas en un cajón de casa. ¡Hasta pelelas de porcelana con la tapa tienen! ¡Y esas cortinas de macramé tan especiales!
Bueno, la campana de la iglesia repica las cinco de la tarde y hace frío. Volvamos si querés a nuestro sitio. Yo, a Parque Chacabuco, no muy lejos y vos, vos a Madrid, Milán, Barcelona o donde cuadre.
Decíle a tus papás que San Telmo y Buenos Aires los van a seguir esperando, porque ustedes son para siempre parte nuestra, aunque el viento globalizado los haya arrancado de esta tierra de jacarandaes y malvones, de paraísos, tipas y perfumadas madreselvas.


1-De gauchos y chorizos

26 de Agosto de 2002
El gaucho, que ocupó nuestras pampas y se vio inmortalizado en El Matadero, en Martín Fierro o Don Segundo Sombra, nunca imaginó que en pleno siglo veintiuno, la crisis proveería a esta ciudad, de nobles imitadores de sus usos y costumbres. Yo conocía los gauchos matreros, los gauchos arrieros, los gauchos baqueanos, hasta gauchos judíos hemos tenido, que aún los tenemos por el litoral, bailando chamarritas, pero la crisis ha creado una nueva clase de gauchos urbanos: los gauchos …”choriceros”. Es que están brotando en las calles de ésta ciudad, unos sucedáneos de los fogones en los que el gaucho preparaba su carne desde tiempos inmemoriales. Se trata de una versión criolla de MacDonald del subdesarrollo y la desocupación, que amenaza con dejar exhaustas nuestras pituitarias.
Se ocupan de su preparación, miles de desocupados que sacan la parrilla portátil, el changuito desvencijado o la lata con el viejo elástico de la nona, a la calle y sin permiso municipal, ni vecinal, sin preguntarse si incomodan a algún vecino o caminante con su nuevo micro-emprendimiento, se ponen a preparar a eso de las diez de la mañana, el fueguito con el que a mediodía cocinarán unos melancólicos chorizos, endemoniado vestigio del fogón del gaucho, y un poquito más aquí en el tiempo, de los proverbiales asados “de obra en construcción” que supieron formar parte del anecdotario ciudadano. Lo mas curioso es que nuestros nobles choripanes, ofrecidos a la módica suma de un devaluado peso por unidad, encuentran gran aceptación entre los hambrientos transeúntes que los degluten con fruición, sin hacer caso del ahumado perfume que pasa a impregnar sus ropas, luego de alimentarse con tan tradicional y pampeano manjar.De ese modo, su modesto aporte, contribuye a paliar la escasez monetaria en las casas de los nuevos gauchos choripaneros.
Esta versión alimenticia de los tradicionales fogones criollos, amenaza con completar la ruina de los ya contaminados "buenos aires" de Santa María.Que si antes, lo que nos mataba a los porteños era la humedad, ahora serán los vapores del choripán.

Y un cuento…
ANILLOS DE PLATA

Marina no había vuelto a la Argentina desde que El Capicúa (MENEM) comenzara su primer gobierno, por eso, me puse tan contenta de verla en la cancel con la sonrisa de oreja a oreja de otros tiempos.









Cuando nos sentamos en la galería a tomar fresco y a contarnos nuestras cosas, la vi un poco extraña, pero pensé que como hacía mucho que no charlábamos, era cuestión de tiempo y confianza, nada más.
Y así fue. Después de contarme su vida allá en Mallorca, sus éxitos como pintora, de describirme con pelos y señales la casita de piedra junto al mar y la playa en la Colonia de San Jordi; después de contarle yo las penurias de cada día aquí por estos pagos, se fue tan rápido como había entrado. Pero antes me propuso un intercambio que acepté verdaderamente entusiasmada.
Es que ella traía en el dedo anular de la mano derecha, un anillo muy raro, que parecía una cucharita de plata doblada por alguna fuerza poderosa, llena de misterio.Marina me dijo: “¿Qué te parece si me das ese anillo de la guarda india que tenés y te lo cambio por éste que te llama la atención?”
Acepté en seguida, por supuesto. Un anillo hecho en Mallorca era algo más original y diferente a las cosas que se veían por aquí. Tardé un suspiro en arrancarme del dedo el aro de plata con la guarda diaguita y mucho menos que eso en poner mi dedo en la cucharita enrollada.
Esa noche, me fui a dormir como todas las noches, bien cansada, pero me levanté peor todavía.
No me acordaba qué me había pasado pero me parecía haber bailado un bolero y comido ensaimadas. Lo dejé pasar.
La noche siguiente, anduve por La Lonja y también entré al Castillo de Bellver. Otra vez me levanté agotada.
Cuando la tercera noche del día tercero casi me ahogo al tirarme de un peñón frente al Mediterráneo azul turquesa, pensé que era hora de llamar a Marina aunque la llamada costara un ojo de la cara y preguntarle qué pasaba.Me respondió: “Nada, piba, ¿qué querés que pase?”
-Mirá, Marina, me están pasando cosas raras. Sueño con lugares que no conozco y anoche casi me ahogo en el mar. Me salvé porque se me enganchó el tirante de la malla (bañador) en una roca.
-¡Ah! piba, me contestó Marina, si es por eso, anoche, quedé reventada de bailar tango en un piringundín de mala muerte por San Telmo, así que no te quejés que por lo menos estuviste en un lugar de prima.








Decididamente, la cosa estaba peliaguda. Me dí cuenta de eso después que Marina me contó del atracón que se dio dos noches atrás en Las Cuartetas, a pura pizza y fainá.
Ahí me avivé, caí del nido, dije ¡Eureka! ¡Los anillos!
Pero era demasiado tarde. El problema se ha hecho crónico. Tengo las manos hinchadas de amasar sobrasadas y a toda hora me escuchan en casa cantando: “copeo copeo, copeo salat, si tu no te turas yo estiq eturát”.
En cuanto a Marina, ya no se dedica a pintora de caballete. En toda Mallorca la conocen como Estercita, la milonguera.

Cati Cobas

PD: Hay palabras del lunfardo que, si quieren, puedo aclararlas, aunque en general los españoles comprenden lo que decimos. Las incomprensibles las he aclarado entre paréntesis.

MALLORCA FANTÀSTICA 2007

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