Booktrailers de BELLVER-Joana Pol

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domingo, septiembre 17, 2006

Francisco Arsis entrevistado por Sandra Llabrés y Joana Pol en IB3-Radio

El autor de esta semana ha sido Francisco Arsis, de cuya obra, "Aventura en el pasado", se leyó el capítulo "Una carta de amor". Joana Pol y Sandra Llabrés le entrevistaron en EL RINCÓN LITERARIO DE 3DENIT, y en el fragmento escogido para la lectura la voz del narrador pertenece nada menos que a José Bonet, nieto del mítico Bonet de Sampedro.






LEMA

“ESCRIBIR CADA DÍA ES EL MOTOR QUE IMPULSA A MI VIDA”

BIOGRAFÍA

Me llamo Francisco Arsis y soy un autor novel, aunque llevo varios años escribiendo relatos y cuentos cortos. Nací en Alcoy, aunque llevo viviendo en la ciudad de Almansa desde hace unos 15 años, por motivos de trabajo. Soy administrativo en las dependencias de un centro sanitario de la seguridad social. Mi interés por la Literatura y la cultura en general me empujó desde muy pequeño a escribir, decantándome pronto por los cuentos y relatos cortos.

En 1998 logré ser finalista en el 4º Certamen Literario de relatos breves organizados por "Libros Diez" en la propia ciudad de ALmansa, con el relato "Claro de Luna", lo que definitivamente me animó a seguir escribiendo con asiduidad. He publicado varios relatos en prensa y medios digitales, teniendo buena acogida.

Con la reciente publicación de mi libro "Aventura en el pasado", novela de corte histórico y fantástico, he iniciado así mi incursión en un género que siempre resultó ser para mi especialmente atractivo y que por fin he decidido abordar.

La editorial se llama Slovento, y el ISBN es 84-96379-70-1. Se puede solicitar en cualquier librería de España con estos datos, aunque no lo tengan disponible, pero se halla presente en la librería “Cervantes” de Oviedo, en la librería “Universitaria” y “80 Mundos” en Alicante, “Ramon Llull” en Valencia, “Canela” en Barcelona, “Pérgamo” en Madrid, “Rayuela” en Málaga, y “Popular” y “Herso” en Albacete, por citar algunas.



MANIFIESTO

Cuando tenía alrededor de 8 ó 9 años, descubrí en una estantería repleta de libros que unos tíos míos poseían en su casa, una caja llena de libritos de cuentos de hadas y gnomos, al estilo de los que escribía la popular Enid Blyton. Durante varios veranos no hacía otra cosa que leerlos una y otra vez hasta casi sabérmelos de memoria, lo que imagino que con el tiempo cultivo mi imaginación, pero mi decisión de escribir no surgió hasta que, alrededor de los 15 ó 16 años, comenzase a cartearme con gente de mi edad de todo el territorio español. Con el fin de intentar que mis cartas no resultasen aburridas o anodinas para mis amigos, acostumbraba a adornar todo aquello que sucedía en mi vida, por ejemplo cualquier anécdota interesante, para terminar convirtiéndolo todo en un pequeño relato entretenido.

Poco a poco fui tomándole gustillo a escribir, al margen de que me pasaba casi todo el tiempo libre que me restaba leyendo libros, hasta que llegó un momento en que decidí enseñar los relatos que iba escribiendo a varios de mis familiares y amigos. Al comprobar que, en cierta manera, les gustaba lo que escribía, creí llegado el momento de presentarme a varios concursos de certámenes literarios para relatos y cuentos, hasta que por fin, en 1998 logré quedar finalista en uno de ellos, en la propia ciudad de Almansa, con el relato “Claro de Luna”. Es quizá el relato al que más cariño tengo, sobre todo porque significaba ponerme en la piel de “Beethoven”, como si realmente fuera él y no yo el dueño de aquellas palabras.

A partir del año 1999, Internet se convirtió en indispensable para mí, decidiendo presentar una gran parte de los relatos que había escrito hasta el momento en las diversas páginas web dedicadas a la literatura. Es el caso de “Valvanera.com” de la Rioja, “Polseguera.com”, “Ciberanika.com”, entre otros.

También surgieron páginas personales que deseaban que mis relatos fueran incluidos en sus páginas, incluso de países sudamericanos, llegándome con cierta frecuencia e-mails de apoyo y felicitaciones por esos relatos publicados.

Finalmente, hace unos dos años, el departamento de “Prensa y Noticias”, un periódico de Alicante, se puso en contacto conmigo para manifestarme que habían decidido publicar algunos de mis relatos en las páginas de sus periódicos, repartidos por toda la provincia, debido a que, al parecer, consideraban que tenían la calidad suficiente para ser publicados. De paso, me comunicaron que algunas personas habían telefoneado a la redacción para hacer constar que los relatos eran de su agrado, preguntando por el autor. Incluso me comentaron que una señora mayor había llamado llorando, emocionada por uno de los relatos y que le había hecho sentir muy feliz.

Todo ello, junto con la creación de un blog, cuya dirección es http://blogs.ya.com/asolasconmicuaderno, fue lo que definitivamente me impulsó a crear mi primera novela, y que ahora por fin ha sido publicada. Fue un proceso muy extraño, porque al principio yo publiqué algunos capítulos en mi blog, sin saber a ciencia cierta si todo quedaría ahí o terminaría escribiendo en verdad una novela.

Pero casi al principio quedé sorprendido por las respuestas de los blogueros y aquellos que me visitaban en general. Eran comentarios sorprendentes, porque cuando se trataba de esta historia, la gente parecía maravillada de verdad. Fueron algunas de las expresiones las que me hicieron pensar en esta posibilidad, al margen de los comentarios. Como por ejemplo: “mierda, qué blog, qué historia”, o “si alguna vez publicas un libro dímelo que lo compraré de inmediato”, o también “podría ser perfectamente la novela del verano”. En fin, cosas así. Yo estaba acostumbrado a los buenos comentarios en el blog, algo muy usual por otra parte, pero percibía, no sé si sabría decirlo, una voluntad extra de hacerme saber que lo que estaba escribiendo les gustaba.



LECTURA

AVENTURA EN EL PASADO. UNA CARTA DE AMOR
(Capítulo extraído de mi novela “Aventura en el Pasado”)

- ¡Señorito! ¿Está despierto? ¿Me oye usted? –Una voz en la inmensa lejanía, pero aguda y estridente llegaba hasta mí, sin saber siquiera donde me hallaba.
- ¡Por favor, no grite de esa manera, quien quiera que sea! –dije, apretándome la cabeza con las dos manos.
- ¡Soy Paquita, su criada! –manifestó la voz, que ahora ya notaba un poco más cercana, más real –pero no diga que grito, señorito, eso no.
- ¿Criada? ¿Dónde estoy? –En aquél momento resultaba imposible para mí saber a ciencia cierta donde estaba, pero en verdad esperaba que aquella voz acabase despejando mi interrogante.
- ¡Dónde va a ser! ¡En su casa! ¿Aún piensa que está en Málaga? Regresó antesdeayer ¿se acuerda?
- ¡Oh, mi cabeza! ¡Me va a estallar! Málaga... ¡Marisa Rondal! –dije, casi murmurando, aunque a ciencia cierta Paquita debía tener un oído muy fino.
- Si, eso quería decirle, señorito. Hay una carta suya. Usted me dijo que si llegaba algo a nombre de ella, que se lo hiciese saber de inmediato.
- ¡Ahora salgo, Paquita! –respondí, saltando de la cama.
- Más le vale, porque son más de las diez. Lo digo por su trabajo... –el tono de recochineo de Paquita era más que evidente.

¡Las diez! El señor Santángel estaría furioso, esperando el artículo sobre Inglaterra. Pero no acudiría sin antes haber leído la carta de Marisa. Era la primera vez que, despertándome, tomaba casi plena conciencia de dónde me hallaba a los pocos segundos, aunque bien es verdad que había sido gracias a Paquita, sin sentirme extrañado ni confuso, sin aquella terrible sacudida en mi cabeza que me hacía aullar de dolor y que se mantenía durante al menos una hora, hasta que de forma paulatina decrecía y desparecía por completo. Era parte del precio que tenía que pagar por disfrutar de aquellos increíbles viajes en el tiempo que por supuesto yo daba por buenos, y que ahora, afortunadamente, parecía haber cesado. Sin embargo, el aturdimiento que me invadía seguía permaneciendo al menos de momento, algo que duraba siempre alrededor de unos cinco minutos y que en los primeros instantes hacía que desconociese en realidad donde me hallaba, si en el pasado o en el presente. Al salir de la habitación y llegar hasta el salón, reconocí al instante la carta de Marisa con aquél sobre fabricado con pasta de esparto, algo muy común en aquella época. Podía sentir su perfume, algo embriagador, y era increíble contemplar su genial estampación, con inimaginables sellos hoy en día. Seguro que en el presente, los numismáticos pagarían enormes sumas por aquellos ejemplares con la imagen de la Reina Victoria Eugenia de Battenberg vestida como enfermera de la Cruz Roja española. Las manos casi me temblaban al desdoblar la hoja que contenía la graciosa caligrafía de Marisa Rondal. Hubiera pagado con gusto por saber que tipo de pluma había utilizado para escribir aquellas frases que, al comenzar a leerlas, esperaba fueran todo lo maravillosas que ya intuía. La tinta no era negra, sino violeta, lo que le daba un tono más femenino si cabe al conjunto de la carta.


Querido Marco:
Sólo hace apenas unas horas que te has marchado y ya te echo tanto de menos que mi corazón empieza a sentir dolor, pero es un dolor dulzón a la vez, porque en el fondo se siente feliz por haberte conocido y compartido tantos bellos e intensos momentos.

Pero en realidad ha durado todo tan poco... Conocerte, amarte y dejar de verte casi al instante ha dejado mi alma herida, y sólo volver a estar contigo podrá curar esta tristeza que vive en mí desde que te fuiste. Y no... no soy exagerada al decirte que todo me pareció un instante, porque eso ocurre cuando se es tremendamente feliz, que el tiempo emprende una velocidad incontrolable, dejándote sin aliento, al contrario que cuando se es desdichado.

Ahora... no soy desdichada, porque siento que te estoy amando aunque no pueda estar contigo, pero el tiempo se ha ralentizado tanto que no veo sino lejano el momento de volver a sentirme inmensamente feliz cuando me estreches entre tus brazos, me beses, me acaricies y me digas esas palabras tan bonitas y dulces que sólo tú sabes decir, enardeciendo todos mis sentidos.

Marco prométeme que volveré a verte. Sólo te pido eso. Incluso si dejaras de amarme, podría soportarlo, pero no verte más me haría tremendamente desdichada. Hay algo en mi interior que me dice… que es como si no fueras real, que sólo eres fruto de mi imaginación, que en realidad no existes y esto no es más que un sueño, el sueño que quizá toda mujer le gustaría tener.

Si, sé que soy una tonta al pensar así, que esto no es producto de mi fantasía, y que todo ocurrió realmente. ¿Cómo si no iba a escribirte esta carta? Porque aún puedo sentir el veneno de tus labios, el sabor de tu boca... y cada vez que pienso en ello siento como se eriza toda mi piel, invadiéndome tal escalofrío que me recuerda una y otra vez que sólo será aplacado el día en que de nuevo tus brazos se apoderen de todo mi cuerpo.

Cuando leas esta carta estaré camino del nuevo mundo, hacia Argentina, el país que tanto ama a la Patria chica, como dicen sus ciudadanos. Junto a mí viajará Margarita Xirgú, la artista más famosa de España de todos los tiempos. Al menos, para mí lo es. Tenemos una pequeña gira por todos los teatros de este bello país latino. A mi vuelta representaré en Madrid una obra de nuestro insigne escritor D. Benito Pérez Galdós, donde corre a mi cargo el principal papel femenino. Nada será tan importante en mi vida como que tú estés presente en la obra, allí en la primera fila, donde yo pueda verte y sepa que tú estás pendiente de mí en cada momento.

Sé que me esperan días muy tristes sin ti, donde el tiempo parecerá detenerse y no avanzará tanto como yo quisiera, pero todo lo daré por bueno si al final tú vuelves a aparecer en mi vida, lo que significará que en verdad esto es algo más que un sueño, que no se trata de una locura transitoria, aunque no por ello dejaría de ser una bendita locura...

No tengo valor para despedirme ni siquiera en esta carta, aunque sé que debo hacerlo, porque de lo contrario permanecería aquí toda la tarde y la noche frente a ella, hasta que la tinta se secase de tal forma que no pudiese terminarla y finalmente el sueño me abatiese.

Te haré llegar oportunamente la fecha del estreno de nuestra obra en Madrid. Sólo me queda esperar que eso ocurra antes de que mi corazón se resienta tanto que no pueda soportarlo más y se rompa en mil pedazos, y sólo de amor por ti, Marco...

Te amo, Marco Vassallo, y pase lo que pase, siempre te amaré.

Sinceramente tuya, con eterno cariño

Marisa Rondal

Una dolorosa punzada invadía ahora mi corazón, no porque no pudiese volver a verla en mi actual viaje, sino por todo lo que aquella carta transmitía. Marisa ni siquiera podía imaginar mi realidad, y que ni yo mismo tenía claro si todo esto no era más que un sueño, y ella una de mis fantasías. Aun así... ¿Cómo podía ser una fantasía el contenido de esa carta? Sí, Marisa Rondal existía, no podía ser de otro modo, pero... ¿qué pasaba conmigo? ¿Qué sería ahora de ella si yo no regresaba en posteriores viajes? De alguna forma estaba atado al pasado, ahora más que nunca, y no podía permitirme que Marisa Rondal no supiese otra vez de mí. Y sin embargo... ¿cómo terminaría aquello? Tarde o temprano habría que afrontar la verdad, y entonces ¿qué pensaría mi adorable andaluza de principios de siglo? ¿Cómo reaccionaría si algún día le dijese que ella tenía... ochenta y cinco años más que yo, y que en el mundo actual tendría la friolera de ¡ciento quince años!

Pero no... yo no podría jamás decirle la verdad, por mucho que quisiera. No tendría ningún sentido, y a pesar de todo, incluso ya dudaba que fuese cuerdo y no me estuviera volviendo loco de remate. Porque... ¿quién podría creerme? Y por otra parte, me aterraba pensar que pudiese quedarme atado al pasado exactamente igual que don Alfredo. Estaba dispuesto a todo, es verdad, pero tenía la firme convicción de que debía haber alguna forma de trastocar aquél patrón supuestamente preestablecido, aquel empecinamiento en el año 1916. Si se trataba de una puerta del tiempo no entendía que pudiese limitarse de ese modo, a menos que fuera por una razón de gran peso, o quién sabe si provocado por la misma persona o ente que hubiese creado dicha magia. Cada vez cobraba más fuerza en mí esta sensación, y la idea de que no fuera más que un suceso paranormal ya ni siquiera entraba en mi cabeza. A no ser que todo fuese producto de mi imaginación o simplemente, un agradable sueño…

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