Booktrailers de BELLVER-Joana Pol

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viernes, enero 05, 2007

Programas navideños en IB3-Radio con Sandra Llabrés, Carles Riera y Joana Pol.

(ARTÍCULO EN CONSTRUCCIÓN, EN BREVE SE AÑADIRÁN VIDEOCLIPS, DISCULPEN LAS MOLESTIAS)

El 20 de diciembre se emitió un bonito recopilatorio de las lecturas más solicitadas por nuestros radioyentes, y aunque la lista era larga como siempre el programa se nos quedó corto. Así, tuvimos oportunidad de recordar a Rosa Ribas con su Pintor de Flandes, a Viki Tapada con su Galilea, a Lucía González Lavado con "Profecía", y se quedaron sin poder emitirse muchas otras pequeñas joyas que no dudaremos en recuperar en futuros programas.

Además, el 28 de diciembre (día de los Santos Inocentes) el Rincón Literario, a pesar de varias pequeñas incidencias propias de ese día del año, se emitió contra viento y mareo, perdón, contra viento y marea, aunque en el último momento las lecturas debieron hacerse "a pelo" por Carles Riera y Joana Pol, ya que Sandra Llabrés no pudo estar presente en el programa. Así, fueron leídos el cuento ganador del concurso convocado en "Amigos de Mallorca Fantàstica y de los Autores de IB3-Radio", que es como los antiguos foros de Joana Pol han sido rebautizados en honor de sus moradores, y los finalistas, quedando lugar incluso para un emotivo regalo que consistió en una cuarta lectura muy especial.

El cuento ganador fue el de Elena Pérez, escritora de las Islas Canarias:



Uno de los finalistas, el entrañable "Cuentecito" de Laura López:

Érase una vez que se era, existía un hombre de una ciudad cualquiera, ya que nada de importancia tiene esos detalles para esta historia, el cual había pasado un mal año que deseaba olvidar en cuanto pudiera. Pero cuando el fin de éste se acercó, se dio cuenta de que aun a pesar de todo, había tenido momentos muy felices que deseaba conservar en su corazón y todos propiciados por mucha gente a la que adoraba.

Meditó durante varios días y se dijo a sí mismo, que no podía dejar escapar la oportunidad de agradecer a todos los quería lo mucho que le habían ayudado y demostrar lo que significaban para él. Así que esperó a las navidades, ya que pensaba que sería más fácil encontrar cualquier objeto que pudiera hablar por él a los que amaba, decidido a gastarse lo que fuera en sus regalos. Las fiestas llegaron y comenzó su búsqueda a través de todas las tiendas de la ciudad.

Recorrió los centros comerciales más modestos y los lujosos, husmeó por pastelerías, tiendas de juguetes e incluso joyerías... y por mucho que sus vendedores le dijeran, nada era capaz de decir lo que él albergaba en su corazón. Entonces una idea llegó a su cabeza: les escribiría a todas y cada una de aquellas personas lo que deseaba decirles. Así que buscó por un sinfín de papelerías los bolígrafos de pintaran con los colores que más gustaban a los suyos, los lazos más hermosos... y aunque había papeles preciosos, ninguno le pareció tan maravilloso como para usarlo en su propósito. Entonces escogió el más acorde con sus deseos, uno gris, áspero y reciclado, le pareció buena idea ya que iba a gastar muchas hojas.

Feliz por su ocurrencia, corrió hacia su casa, se sentó en una cómoda silla y extendió en la mesa todos los bolis, lazos y papeles... y otra vez volvió a encontrarse con un gran problema: no sabía qué decirle a ninguno de los que quería. Existían miles de palabras maravillosas para agradecerles todo, eso estaba claro, pero nada, no había forma de decirles lo que de verdad sentía. Al final, desesperado, comenzó a escribir con la letra más pequeñita que pudo cientos de veces la frase ‘te quiero’, lo único que se adaptaba a lo que deseaba expresar.

Enrolló y ató todos los mensajes de cariño... y al acabar, se asustó al sentir que aquel era el regalo más estúpido, cutre y cursi del mundo. Pensó en quemar todos los papeles, pero al final decidió arriesgarse y dejar cada rollo en el buzón de su destinatario, ya improvisaría y le entregaría a cada uno algo de más valor.

Y si bien todos los destinatarios sabían que aquel iba a ser el regalo más humilde que nunca recibirían, rechazaron cualquier otra cosa que les ofreció después, porque todo lo demás era poco comparado con el corazón de su amigo.


"Evaristo", como se le conoce popularmente a Héctor Saz, nos regaló con este original cuento de navidad con Guardia Civil incluída:

EVARISTO (HÉCTOR SAZ)
VENTISCA SIN GRACIA EN REY SOSTENIDO

Viento, nieve, oscuridad. En un lugar de la frontera española con Francia son varias las siluetas que se dibujan entre la tempestad, parecen bultos de muchas cabezas con apenas un puñado de voces que se comunican en todos los idiomas que se escuchaban en la Torre de Babel. La primera testa se yergue la más alta de todas y girándose hacia ti, lector, dice:

- Slurp - tras lo que la segunda sombra calla -
- Slurp, slurp - toma la palabra la tercera figura -
- Slurp... ñef ñef, slurp - se adelanta a decir el quinto bulto antes que el cuarto o incluso que el segundo, que sigue callado -
- Dejen en pas a los nuestros dromedarias - refunfuña la séptima silueta anteponiéndose a las anteriores primera, tercera y quinta e incluso a la segunda, cuarta y sexta... aunque no tuvieran intención de emitir palabra alguna-.
- ¡Cállense ya, me hagan el favor de respetar a la autoridad! ¡No se me muevan ni un pelo!... sí, sí, tres sospechosos mi teniente - aventura a decir un hombre con radio en la mano y bigote en la cara - ... ¡Cuadrilla, vigiladme a estos hippies!

La sombra del radioaficionado, culminada en tres picos, se alejaba del gentío: tres barbudos, tres dromedarios, sus jorobas y tres guardia civiles más. Hablando por un gran walkie talkie se ve al Sargento Gutiérrez hacer aspavientos, no es difícil escucharle: si sus gritos no producían alud alguno es porque la montaña no deseaba tener a semejante provocador de jaquecas retenido en ella. Cuánta voz para tan pocas luces.

- ¡Cómo que el intérprete va a tardar!... Sí, sí, señor, sé que estos días todo el mundo está en vacaciones, pero es que si en vez de principios de enero fuera julio no iba a quejarme de que se me estuvieran helando los... sí, si yo lo entiendo, mi teniente, pero compréndame a mí. Tendría que estar aquí para verlo, de veras, le cuento la verdad pero no sé si se la va a creer. Estoy con tres chalados vestidos de forma extraña y sus tres camellos... no, camellos de animal, nada de drogas mi teniente, camellos de los que...

- ¡Son dromedarias! -contestó la sombra más oscura del pintoresco grupo a pleno pulmón-.

- ¡Cállese!... oh, no, no, no era por usted, mi teniente, era uno de los sospechosos, sí, me decía que eran dromedarios, no camellos. No, no he bebido, dromedarios, sí, en los pirineos y con un frío que como le decía me está helando los... sí, a mí también me sorprende... le repito todas las descripciones y le leo los datos que me han dado: Damascón Serakin Baltasar, varón de mediana edad, de color, no trae documentación.

- ¡Son dromedarias! -insistía el enturbantado señor azabache-

- ¡Será idiota el tío! ¡No! Por favor, cómo iba a osar a decirle eso a usted, señor, le decía al dete... sí, como diga, sigo: Appelicon Melchor Magalath, un anciano de pelo cano, huele a anís que mata, debe de llevar bebiendo y comiendo polvorones toda la noche. El tercero, señor, me da mala espina, parece un poco moro, barba negra y larga, no habla nada castellano y permanece callado desde el principio...

- ¡Señor - gritó un benemérito -, el anciano borrachín se ha echado a dormir en el suelo!

- Haz... haz que se levante... Como le decía, creo que este tercero puede ser alguno de los hombres de "alcaeda", me huele a chamusquina. El de color me ha dicho que se llamaría Gaspar Amerín Galgalath... sí, señor, esos nombres. No, no le estoy tomando el pelo, pero ellos están muy bromistas diciendo que quieren trato de reyes... los reyes del mambo van a ser, ¡pero en el cuartelillo!

- ¡No camellas, dromedarias! - seguía el indignado africano -

- Señor, es un caso claro de transporte ilegal de material juguetero, no llevan las facturas, esto viene de china por lo menos, y en mi vida había visto en tres sacos tanto muñeco junto, estos están traficando para sacar dinero...

- ¡Mi sargento, creo que el abuelo anisete se ha meado encima! - dijo Gómez sin llamar la atención de su sargento -

- Señor, podemos estar haciendo historia, podríamos estar evitando la madre de todos los atentados islamistas de terrorismo integral... no, inter... bueno, ya me entiende. ¿Que si he sido bueno este año? No entiendo qué es lo que me quiere decir. Sí, le confirmo: Melchor, okey, el viejo borrachín, Gaspar el more... y sí... Balta... ¡Me cago en... - el Sargento se dirigía echo una furia hacia donde se encontraba antes-

- ¿Qué sucede, mi sargento? - Dijo uno de los tres cabos los cuales se giraron al unísono hacia su azorado superior inmediato -

- Mira, Martínez - cogió al jefe de cuadrilla de la solapa y agitándolo lo suficiente como para tirar el tricornio al suelo -, me vais a coger a estos bromistas y "me les" vais a sacar los datos verdaderos, los muy cabritos nos han tomado el pelo de la cabellera y eso no pienso per...

- ¡Mi sargento! - Espetó Pellicer - Los detenidos, no están... no sé cómo, pero han desaparecido por arte de magia. Ha sido... como un parpadeo.

- No me jodas, o me los encuentran o no va a parpadear en ninguna de las guardias que me van a hacer de aquí a que me jubile... ¡como poco!.

Los tres cabos comenzaban a buscar con serias dificultades, incluso para encontrarse a si mismos, ya que apenas podían ver sus narices al estirar los brazos. Con serias dudas acerca de si fue buena idea hacerse guardia civil en vez de estudiar empresariales, seguían la batida del terreno en búsqueda de huellas, sonidos u olor a anís del mono. De repente, los gritos de Gutierrez llamando a sus hombres provocan la alerta, todos acuden al origen de la llamada donde se encuentran con unas llamativas bengalas alumbran una zona en la que se disponen varias cajas, envueltas para regalo, y una cartulina en la que les desean "Paz para todos los hombres de buena voluntad, posdata: Son dromedarias".

En la escena también ven al sargento: sentado al lado de uno de los bultos, ya abierto, mientras en sus manos guarda un Madelman benemérito. Compungido, no sabe qué decir, eso fue lo que siempre pidió cuando era chico y jamás tuvo. No hay pisadas ni marcas alrededor, ni mucho menos rastro de los huidos, todo parece haber sido realizado de forma milagrosa. Pronto, un carraspeo pide explicaciones al sargento desde su Walkie Talkie.

- Reyes... y magos - susurraba Gutiérrez boquiabierto y con los ojos como platos -. Mi teniente, ¿está ahí? - agitó la cabeza, estaba pensando con rapidez - Que siii... que si le ha gustado la broma, sí sí, la broma, claro... que ya se lo olía, claro, es que usted es muy listo, ¿que cómo se me ha ocurrido semejante majadería? Es una tontería, como le dije antes, si le contara la verdad... ni se la creería.


REBECA RODRÍGUEZ (GALADRIEL)

Un mar de lágrimas se acaba de llevar lo poco que queda de tu inocencia cuando descubre que un retraso de dos meses no es casual, pese a tus quince años. Con la prueba de embarazo entre tus manos, sentenciándote a madurar de golpe, te sientas en el borde de la bañera preguntando al aire cómo se lo dirás a tu madre. Su fe católica, algo cerrada te estremece de pies a cabeza y parece que ya escuchabas sus gritos de insolencia por tener una hija como tú. Te miras al espejo, observas tu trágico semblante, y dejando caer las lágrimas a su libre albedrío, lamentas ese día de botellón, que acabó engendrándote un bastardo; y ahora no hay solución. El desprecio dedicado a ti misma es el regalo de tu conciencia, tal vez incluso el de tu madre –ya haces el trabajo por ella-.

Embarazo no deseado. Lo peor: no saber quien es el padre. Te secas la cara y tratas de serenarte, tu madre está a punto de llegar; habéis quedado para decorar el árbol de navidad juntas. Sois conscientes de que va a ser otra navidad difícil, sin el monarca, pero al fin y al cabo, juntas. Vuelves a sentirte sucia por fallar a las normas de tu madre –tan duramente impuestas-, sientes que fallas a lo único que te queda en ésta vida. Y mientras todo ese huracán de sentimientos arrasa tu dulce edad algo dentro de ti crece por momentos, que para ti es una monstruosidad. Pronto te imaginas gorda e hinchada, la ropa no te cabe. Por no hablar de los dolores de parto. ¿O ahora lo hacen con la epidural? ¿Qué sabrás tú de todas esas cosas si hace pocos años jugabas con muñecas de cristal?

Mas tarde vendrá mantener a un lactante. ¿Cuánto dijeron el otro día en las noticias que costaba sacar adelante un bebé? ¿Ochocientos euros al mes? Tampoco lo sabes con certeza. Una vida de desgaste trabajando día y tarde para darle todo lo que necesite. Se acabaron los estudios, se acabaron los fines de semana, el botellón ni olerlo y nada de trasnochar. Demasiado sacrificio para una niña de tu edad.

Piensas en aborto y te mueres de vergüenza, porque si ya has fallado a tu madre, que dirá si acabas con una vida sin darle una oportunidad. Se te desgarra el alma al verte atrapada sin salida, lloras por tus quince años y por esa libertad que una vez te diste aquel viernes, hasta la saciedad. Pues ya no eres niña, eres mujer. Toca ser consecuente de tus propios actos, toca contarle a tu madre la verdad.

Acaba de abrir la puerta de la casa y tú te aferras al lavabo con toda la fuerza que el cuerpo te da. Sales del baño sin indicios de lágrimas en los ojos y te encuentras a tu madre con una caja llena de bolitas de navidad.

“Vamos al tajo”, dice ella tratando de ser genial, con esa sonrisa que nunca pierde su rostro, algo cetrino desde que tu padre ya no está. Esa sonrisa es la que te derrumba y comienzas a llorar. Te tambaleas tontamente y con suerte te agarras a la pared, reciproca de tu lamento.

“¿Has vuelto a suspender?” –Pregunta ese ángel de la navidad- “no pasa nada, hija, con un poco de esfuerzo veras como lo sacas”.

Tú niegas con la cabeza y ella comprende que algo diferente, algo importante te pasa. Deja la caja sobre la mesa y se acerca a donde estás. Te abrazas a su cuello y derramas sobre ella tu escasa dignidad. Sentadas frente al árbol desnudo, implorando que vistan su vergüenza, le cuentas a tu madre lo que crece dentro de ti. Esperas una buena reprimenda, tal vez un bofetón, incluso puede que te eche a la calle, pero lo único que ocurre es que se cubre el rostro por dolor. Esperas que digiera tu noticia, esperas que descubra su decepción, y cual es tu sorpresa que te encuentras una madre llena de comprensión.

“Yo también fui joven, hija mía, ¿o a caso crees que fue diferente para mi?”.

Traidora lágrima que surca su rostro cuando te dice con decisión que ni mucho menos está enfadada, acepta lo que venga; eres su hija, no hay más discusión.

“Seremos madres juntas. Yo le mantendré hasta que termines la secundaria y tú le educarás”.

Un abrazo sella ese pacto y notas que tu estómago se alivia. Os ponéis a disfrazar el árbol, henchido de orgullo por tener decoración nueva este año, y con una media sonrisa, tímida ante todo, le preguntas a tu madre

“¿Será el espíritu de la navidad, que hasta las noticias mas dolorosas se aceptan con facilidad?”

“No” –contesta ella, orgullosa de su papel en ese hogar- “es el espíritu familiar, que se enfrenta poderosamente a cualquier tempestad”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

por que no hay video de stos cuentos? son buenisimos

MALLORCA FANTÀSTICA 2007

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